China se desvive por el petróleo
Crecimiento, orden y estabilidad podrían resumir, en tres palabras, el éxito de China. Lo que le falta, sin embargo, es energía -eso lo sabe EEUU y explicaría a su vez la guerra de Irak y otros conflictos-. Y es que el país asiático es un gran consumidor: ha llegado a consumir la mitad de la producción mundial de cemento y un tercio de la de acero y carbón.
Pero el producto estrella es el petróleo, por el que pasa el destino del país y le seguirá faltando aunque tenga la mayor represa hidroeléctrica mundial. Aquí entra Venezuela, habitual proveedor de EEUU pero desde hace años más cerca en este sentido de los chinos que de los estadounidenses, como Japón lo está de Irán, para disgusto yanqui.
Aunque ya en desaceleración -su demanda crecería al 4,5% de media anual hasta 2010 pero se reduciría al 3,3% en el siguiente decenio-, se prevé que el consumo de petróleo en China aumente hasta 2020, cuando estará un 60% por encima del actual. Iría desde menos de 350 millones de toneladas en 2006, pasando por más de 400 en 2010 y hasta 563 en 2020.

La bonanza de su industria automotriz contribuye a esta necesidad; la mitad de consumo del país depende de la importación, cuyos niveles crecen anualmente y se acercan a los 200 millones de toneladas, misma cantidad aproximada de crudo importado.
La gran esperanza china en este sentido pasa por encontrar nuevos yacimientos en los próximos años, como el hallado el pasado 2007, que dejó reservas de hasta mil millones de toneladas, objetivo que se desea obtener en los previsibles hallazgos que se realicen de aquí a 2010. La oferta interna crecería de ese modo y caería como agua de mayo en el país del sol naciente.
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